Valle Inclán y La lámpara maravillosa

lamparaportada_1.jpg

En 1916 publica Valle-Inclán una de sus obras más importantes: La lámpara maravillosa, subtitulada: Ejercicios espirituales de Don Ramón del Valle-Inclán. Don Ramón comenzó a publicar a partir de 1913 su Opera Omnia, cuya maqueta corrió a cargo de José Moya del Pino (otra web en inglés), dejando el volumen I precisamente para esta obra, que se publicó con los dibujos de Moya del Pino en 1922. De ella Alonso Zamora Vicente dice lo siguiente en el volumen Vida y obra de Ramón del Valle-Inclán, editado por Círculo de Lectores como Introducción a su obra semicompleta (digo semicompleta porque, aunque pretendía ser completa, al final, por motivos aún no aclarados por la editorial, no se publicaron algunas obras del autor gallego):

La lámpara maravillosa, meditación sosegada sobre su propia escritura y sobre el hecho literario. El libro ha sido muy discutido, con apasionamiento incluso, e interpretado de muy diversas formas. Aparte de las conclusiones puramente literarias, abunda en su cuerpo un clima de ocultismo y magia, en el que encontramos reliquias de la preocupación contemporánea por la Teosofía y el trasmundo (Valle fue gran amigo de Mario Roso de Luna, personalidad destacadísima en ese campo, y cita varias veces a Elena Petrovna Blavatsky).

Cada capítulo de esta obra acaba con una glosa. La correspondiente al capítulo VII, de la parte titulada, asimismo, El anillo de Giges, dice lo siguiente:

Cuando mires tu imagen en el espejo mágico, evoca tu sombra de niño. Quien sabe del pasado, sabe del porvenir. Si tiendes el arco, cerrerás el círculo que en ciencia astrológica se llama El anillo de Giges.

giges.jpg