Partituras encriptadas en las piedras de las iglesias medievales

En 1946 publica Marius Schneider, gran musicólogo y estudioso de la mitología y cosmología antiguas, su obra más importante: El origen musical de los animales-símbolo en la mitología y la cultura antiguas. Esta obra la escribió en castellano durante su estancia en Barcelona. A grandes rasgos la obra estudia los claustros de tres iglesias catalanas: Santa María de Ripoll, Sant Cugat y la Catedral de Girona. En todos estos claustros -empezando por Santa María de Ripoll- Schneider encuentra que los animales representados en los capiteles forman una partitura musical. Para descifrar estas claves musicales, el autor parte de la cosmografía musical megalítica, que pervive en la Europa medieval y en los textos védicos (información tomada de la página de Siruela). Concha Palacios editó en la revista Mundo desconocido, nº 64 octubre de 1981, un artículo (reeditado en Soria y Más, la página de Ángel Almazán) titulado El lenguaje musical de los claustros románicos, del que voy a entresacar algunos fragmentos.


La pesquisa del profesor Schneider comienza, como ya he señalado antes, con el claustro de Santa María de Ripoll. Concha Palacios señala lo siguiente:

Cuando, por primera vez, visité el monasterio de Nuestra Señora de Ripoll”, relata el profesor alemán Marius Schneider, escritor y musicólogo, “quedé muy sorprendido a la vista de los animales esculpidos en los capiteles del claustro. Su extraño ritmo de sucesión me recordó una antigua teoría hindú perteneciente al siglo XIII, en la que se identificaban ciertos animales con determinados sonidos musicales. Me ratifiqué en la idea al contemplar el claustro de la catedral de Gerona, construido en el siglo XI, y el de San Cugat del Vallés, que data del Xll”. El profesor Schneider, después de numerosos estudios e investigaciones, demostró que los animales pertenecientes a los capiteles románicos de los claustros citados eran la representación simbólica de notas musicales; las cuales, a su vez, mantenían una correlación rítmica con planetas, números, sentidos corporales, colores y toda clase de categorías temporales e ideológicas.

Schneider realiza una correspondencia entre las notas musicales, los cuatro elementos, el zodiaco, los astros, los animales y algunos objetos, figuras geométricas y elementos arquitectónicos y decorativos:

El profesor Schneider siguió fielmente estas analogías y encontró que, empezando por el pilar de la columna número uno y sustituyendo ordenadamente cada animal por la nota musical que le correspondía, se obtenía la obtención de un himno religioso. El de la catedral de Gerona estaba dedicado a la Virgen María; el de San Cugat del Vallés, que aún no había sido hallado cuando Schneider lo descifró, resultó ser un cántico en honor de San Cucufate, patrón del monasterio. Curiosamente, algún tiempo después, entre los documentos sin clasificar de su archivo, se encontró un himno junto a su correspondiente partitura musical que databa del siglo XII y coincidía, exactamente, con todo lo expuesto por el profesor alemán.

Pero volvamos al claustro de Santa María de Ripoll, desencadenante de todos estos hallazgos:

El principal problema residía en que el número de animales esculpidos en sus capiteles era inferior al de los otros claustros y, por consiguiente, el ritmo musical a que estaba sujeto era mucho más difícil de determinar. El profesor Schneider, sin darse por vencido, continuó con sus investigaciones. “Los tres claustros’ - explicó luego- “encierran de manera simbólica el curso del año y, por analogía, el ciclo de la vida humana. El simbolismo de Nuestra Señora de Ripoll no descansa sólo en una base musical, sino que constituye, asimismo, la representación de una curación. Lo que supone un ejemplo de arte románico único en el mundo, tanto por su significado como por su antigüedad”. El monasterio de Ripoll, fundado por Wifredo el Velloso en el año 879, ha tenido una enorme importancia desde el momento mismo de su creación. En primer lugar, por su enclave estratégico en pleno Pirineo catalán, rodeado de riscos y de valles, que le protegieron en aquellos difíciles tiempos de la Reconquista. Fue, además, cuna de la independencia del principado y foco cultural de la increíble comarca del Ripollés, que creció y se desarrolló bajo su influencia y protección; sobre todo, en época del famoso abad Oliva, quien, fiel seguidor de la reforma de Cluny, fomentó el comercio y el intercambio cultural con los otros cenobios del siglo XI. Bajo su dirección, monjes y eruditos se reunían en la biblioteca, en cuyo famoso scriptorium se realizaban magníficas copias de manuscritos dispersos y olvidados.

La historia de esa curación parte, según Schneider, de la columna 33. En dicha columna vemos a un hombre en su lecho de muerte acompañado por dos sirenas que intentan con su llanto arrastrarlo al mundo subterráneo. La columna 34 representa al uno de noviembre, día de los difuntos, mostrando el cuerpo del enfermo entrando en la boca de un caimán, mientras cuida de su alma un águila marina. A partir de aquí el profesor alemán realiza una descripción de todos los capiteles, reflejada en el artículo de Concha Palacios, quien concluye de esta manera:

Todos los complicados símbolos y analogías de la narración están conectados con las imágenes arquetípicas de Jung. Algunos se reconocen fácilmente: la lucha con el dragón, símbolo del mal; la intervención de las sirenas, que son tentaciones; el bien, encarnado por los-ángeles que acuden a ayudar al enfermo-pecador… El relato constituye el ciclo de una vida, al final del cual el bien sale triunfante de todos los problemas que le salen al paso.

Tanto el claustro del monasterio de Ripoll como el de San Cugat o el de la catedral de Gerona indican la importancia metafísica y religiosa que la música tenía en la España de la Edad Media, así como la comprensión simbólica de los hombres de entonces. En la actualidad, la mayoría de los seres humanos se atienen a lo que pueden ver y tocar sin profundizar en los temas. Sin embargo, los secretos del pasado esperan ser descifrados para que el hombre pueda comprender realmente quién es y adonde va…

Pues bien, este pequeño resumen de la obra mencionada al principio viene a cuento porque ayer publicaba El País una noticia sobre otro código musical. Se trata de la capilla gótica Rosslyn, en Escocia (capilla mencionada en la novela El código da Vinci”). Este código, oculto durante 600 años, ha sido descifrado por Thomas Mitchell, de 75 años, ex músico y ex descifrador de códdigos del ejército británico y su hijo, el músico Stuart Mitchell. Han estado investigando durante 27 años y lo han descifrado a partir de los 13 ángeles músicos esculpidos en los arcos de la capilla y de los 213 cubos que les acompañan y que describían pautas geométricas. Los dos investigadores relacionan estas figuras geométricas con un sistema antiguo de composición, los cimáticos, o pautas Chladni (referencia al alamán Ernst Chladni, estudioso de la vibración en el siglo XIX), compuestas por ondas de sonido con unos determinados tonos. La pieza ha sido bautizada con el nombre de Motete de Rosslyn.

A continuación os dejo el vídeo del experimento realizado por estos dos investigadores: